«El duelo infantil es distinto al de los adultos, no menos importante, pero sí distinto. Los niños, dependiendo de su edad, tienen una comprensión muy diferente del concepto de muerte¨

Anónimo

Hablar de duelo en la infancia es adentrarse en un territorio delicado, pero profundamente humano. Aunque muchas veces se piensa que los niños «no entienden» la muerte, lo cierto es que la viven a su manera: con preguntas, con silencio, con juegos, con angustias que no siempre saben nombrar. Comprender cómo enfrentan estas pérdidas según su etapa de desarrollo nos permite acompañarlos mejor, con respeto y contención.

Este blog busca ofrecer una mirada sensible sobre cómo viven los niños el duelo, y qué podemos hacer los adultos para sostenerlos con empatía.

Recomendaciones para acompañar el duelo en la infancia:

Aceptar su forma de entender la muerte según su edad:

  • De 0 a 3 años: En esta etapa, los niños no comprenden la muerte con un evento definitivo. Lo que si perciben es la ausencia y el cambio en el entorno emocional, es decir, logran notar la tristeza de los adultos, el cambio de rutinas y las lágrimas.
    • Por ejemplo: Un bebé que ha perdido a su madre puede presentar dificultades para dormir, estar más irritable o aferrarse al cuidador sustituto, no sabe lo que ocurrió, pero si sienten el vacío y la alteración de la primera figura de apego.

Por lo tanto, se debe mantener rutinas lo más estables posibles y mantener el contacto físico. A veces, cuando las palabras no bastan, la presencia amorosa del adulto se convierte en abrigo.

  • De 4 a 7 años: Predomina el pensamiento mágico, pueden creer que la muerte es reversible, temporal o es como un viaje del que se puede volver. Pueden sentir culpa.
    • Por ejemplo: Una niña de cinco años que se enojó con su abuelo porque no quiso darle un caramelo y, poco después, el fallece. Podría pensar: ¨Fue mi culpa, lo pensé y por eso se murió¨.

¿Qué hacer? Es esencial explicar con claridad y sin rodeos es fundamental. Por ejemplo: ¨El abuelo murió, no va a volver, no fue tu culpa. Las personas no mueren porque alguien lo desee o lo piense¨. Con la intención de desmitificar la idea errónea.

  • De 8 a 11 años: Ya comprenden la muerte como irreversible, empiezan a entender que las personas que aman pueden morir. Surgen temores y preguntas existenciales.
    • Por ejemplo: Un niño de 9 años que pierde a su padre puede empezar a desarrollar ansiedad nocturna, miedo a que su madre también muera, o hacer preguntas como ¨ ¿Y ahora qué va a pasar con nosotros? ¨

¿Qué hacer? Necesitan respuestas honestas y seguridad emocional. Se les puede decir ¨Si, papá murió, y eso nos duele mucho. Pero vamos a seguir juntos. Vamos a cuidarnos, y aunque estemos tristes, vamos a salir adelante poco a poco. ¨

Observar y validar sus señales de dolor:

Existen señales como: regresiones, irritabilidad, juegos repetitivos sobre la muerte, dolores físicos o cambios de conducta no son «malcriadeces», sino expresiones legítimas del duelo.

Nombrar la verdad con amor:

Evitar frases ambiguas como “se fue al cielo”. Lo más compasivo, es decir: “murió”, con un lenguaje claro, acorde a su edad, y acompañado de contención.

Mantener rutinas, con flexibilidad:

Las rutinas diarias brindan seguridad. Sin embargo, es necesario permitir días difíciles y ser pacientes con su proceso.

Incluirlos en los rituales de despedida:

Participar en acciones simbólicas como escribir una carta, plantar un árbol o asistir a un velorio les ayuda a transitar la pérdida.

Buscar apoyo profesional si el duelo se complica:

Si persisten el retraimiento, la tristeza o los síntomas físicos, es importante acudir a un especialista en salud mental infantil.

Recordemos: Los niños también les duele o sufren, aunque lo hagan en voz baja o a través del juego. Nuestro rol como adultos es mirar, escuchar, abrazar, y ofrecerles un entorno donde el dolor tenga lugar, sin miedo y con mucho amor.

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