«Aunque el duelo nos cambia para siempre, también nos muestra la capacidad de sanar y encontrar esperanza en medio del dolor»

 

Es muy difícil cuando alguien que siempre ha estado a nuestro lado ya no está más, en nuestra cultura, la relación con la madre es muy importante. Se considera que es normal que la madre muera antes que sus hijos adultos, pero esto no significa que no duela mucho cuando sucede, la madre es la primera persona que conocemos en este mundo, quién nos cuida desde que nacemos, por eso, cuando ella se va, se siente como si se perdiera una parte fundamental de nosotros mismos, aunque la sociedad a veces no brinda toda la atención que se necesita en estos momentos, la pérdida de una madre es una experiencia muy conmovedora y merece ser reconocida y acompañada.

 

Algunas cosas que damos por ciertas y no es verdad. 

  • “Si la madre ya tenía una edad avanzada, la pérdida no duele tanto”
  • “Sufren más quienes fueron malos hijos”
  • “Es mejor no hablar de la muerte porque duele más”
  • “Hay que evitar el sufrimiento a los hijos pequeños”
  •  Sólo los niños se sienten “huérfanos” ante la muerte de la madre»
  • “Superar la muerte de la madre es cuestión de tiempo”

 

¿Cómo ayudarnos a sanar? 

El proceso de duelo implica aceptar que la pérdida es real, esta es una de las tareas más difíciles del proceso y suele producir emociones como dolor, negación y anhelo. Aquí tenemos algunas formas de sanar este duelo:

  • La aceptación se construye lentamente, asistir a los rituales de despedida, permitirnos a nosotros y a los demás hablar del fallecido.
  • El proceso de duelo traerá consigo emociones es importante vivirlas, reconocerlas y expresarlas le permitirá entender dimensiones de su ser querido
  • Desarrollar nuevas habilidades, asumir nuevos roles y construir nuevas razones para continuar viviendo.
  • El proceso de duelo es una invitación a darle un lugar diferente a la madre fallecida, ubicarla en nosotros como un recuerdo al que podamos acceder en cualquier momento.

 

El duelo por la pérdida de una madre es una experiencia profundamente dolorosa y transformadora. A pesar de las creencias arraigadas en la sociedad sobre cómo deberíamos sentirnos o cómo deberíamos manejar el dolor, es importante reconocer que cada individuo experimenta el duelo de manera única y que no hay un camino preestablecido para sanar. Permitirnos sentir y expresar nuestras emociones, buscar apoyo en nuestros seres queridos y en profesionales de la salud mental, y encontrar formas significativas de honrar son pasos importantes en el proceso de sanación. A través de este proceso, podemos aprender a vivir con la ausencia de nuestra madre mientras encontramos esperanza y renovamos nuestro sentido de propósito en la vida.

 

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