¡Conmemoramos el día de la mujer!

Hace algún tiempo nació una pequeña oruga, que se arrastraba con dificultad por el suelo de un lugar a otro. Hasta que un día, cansada de gatear, decidió trepar a un árbol. La oruga subió y subió, pero resbaló, cayó y no pudo avanzar. Se acercó a un ramal desde el que podía observar todo el valle. Desde esta rama la oruga respiraba paz. Estaba cansada y al mismo tiempo agradecida por su vida como oruga, pero sabía que era hora de convertirse en una criatura diferente.

La oruga se quedó dormida, sintiendo una gran paz a su alrededor y pensando que era su destino ser más que una simple oruga. La oruga ya no era una oruga, era una mariposa azul, creyendo que todavía era una oruga, siguió viviendo como si lo fuera.

La mariposa, que pensaba que seguiría siendo una oruga, no entendía por qué su vida se había vuelto tan complicada. La mariposa, pensando que todavía era una oruga, se quedó en silencio y miró la rama que parecía tan lejana que empezó a llorar desesperada. Al escuchar su llanto, una hermosa y familiar mariposa blanca se acercó, se posó sobre una flor y observó por un rato a la mariposa azul sin decir nada.

  • ¿Qué está pasando contigo?
  • No puedo subir a esta rama.
  • Incluso si no puedes escalar esa rama, es posible que puedas volar hasta allí.

La mariposa azul, que pensaba que todavía era una oruga, miró extrañada a la mariposa blanca y luego se miró a sí misma y a sus grandes y pesadas alas. Si no usas tus alas, tus piernas se cansarán. – Dijo la mariposa blanca, volando mientras abría sus sabias alas y alejándose con gracia.

La mariposa azul observó con asombro cada movimiento de la mariposa blanca y reflexionó sobre sus palabras. Abrió cada vez más sus alas, pareciéndose cada vez más a una mariposa y no a una oruga, observó el hermoso azul casi mágico de sus alas. Descubrió que su miedo a volar le impedía aceptar quién era realmente: una oruga convertida en mariposa azul.

El paso de oruga a mariposa es una de las metáforas más utilizadas para hablar de resiliencia. Las mariposas son un símbolo de transformación, un símbolo de la fragilidad y grandeza simultáneamente. Por ello es fácil encontrar a una mariposa como protagonista de un cuento de transformación.

Este cuento de transformación nos recuerda que vivimos en un mundo cambiante, en un mundo en constante evolución y que nosotros somos partes de ese mundo dinámico, formando parte de esa evolución. Pero a veces, aunque nos hayamos transformado y tengamos la fuerza para evolucionar, no lo acabamos de aceptar por distintos motivos como: miedo, vergüenza, culpa…

En esta ocasión una hermosa y fuerte mariposa azul no acaba de aceptar que ya no es una oruga, y que por lo tanto no puede vivir como si lo fuera. Una parte de ella deseaba evolucionar, pero otra parte teme los cambios e intenta aferrarse a su pasado y seguir viviendo de la misma manera, incluso siendo otro ser. Le llevará algún tiempo aceptar y descubrir para qué sirven sus alas y cómo puede vivir a partir de ahora. Para ello necesitará algo de ayuda. En este sentido, pensemos que los demás suelen ver con más claridad nuestras fortalezas que nosotros mismos.

¿Has logrado reconocer y aceptar tus alas?

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